Cepo cambiario y costos en aumento: cómo afecta el contexto a las exportaciones

Fuente: Archivo

La fuerte
devaluación que sufrió el peso se le impuso la
recesión económica. En consecuencia, en 2019 no hubo un boom de operaciones de venta al exterior como podría haberse esperado. Y, mientras tanto, frente a la necesidad de
divisas que tiene el país, el comportamiento que tengan las
exportaciones en este 2020 resulta un tema fundamental.

Se estima que en el año recién terminado la balanza comercial cerró con un superávit de alrededor de US$14.000 millones, mientras que en 2020 el saldo a favor sería de unos US$19.000 millones al menos según la proyección de la consultora Ecolatina sobre la base de la estimación de que la actividad económica no tendrá una reacción rápida. «La recuperación del frente externo es más un subproducto de la crisis que el resultado de una mayor competitividad cambiaria o de la apertura de nuevos mercados», destaca un informe de la citada consultora.
Entre enero y noviembre de 2019 las exportaciones sumaron US$59.702 millones, un 5,8% más que la suma acumulada en los 11 primeros meses de 2018. Con una caída de las importaciones que fue significativa (de más de 25% interanual), en ese período la balanza comercial registró un superávit de US$13.710 millones. El dato del total del año será difundido por el Indec en los próximos días.

Martín Kalos, economista jefe de Elypsis, admite que «hoy por hoy» son más las necesidades de que crezcan las exportaciones que las posibilidades reales. Señala que el principal sector exportador argentino, el campo, adelantó operaciones entre agosto y diciembre pasados por temor a un incremento del nivel de las retenciones (algo que efectivamente ocurrió pocos días después de la asunción de Alberto Fernández), por lo que quedó un menor saldo exportable para 2020. «Es difícil, con esa restricción, que ahora las ventas afuera suban más», analiza.

En el caso de la minería y de los hidrocarburos, Kalos indica que para ninguno de los dos sectores existen buenas perspectivas que lleven a pensar en un incremento de las ventas. El economista advierte que para los hidrocarburos la quita de subsidios, el congelamiento de tarifas y la discusión por los precios de las naftas son medidas que implican que «haya menos producción y, por ende, un menor saldo exportable».
El economista de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) Alfredo Blanco, por su parte, estima que en un escenario en el que la renegociación de la deuda aparezca encaminada estarían presentes, de todas formas, dos riesgos: las decisiones empresarias que se tomen a partir de los impuestos que afectan los precios y la posibilidad de que se produzca un atraso cambiario.

Respecto de los cambios en las retenciones, Blanco advierte que en el caso del campo el impacto no es inmediato porque el sector tiene sus tiempos, pero agrega que hay que seguir de cerca si hay una reducción en la producción hacia adelante.

Respecto del tipo de cambio, apunta que después de las corridas de 2019 y desde la asunción del nuevo gobierno hay una «tranquilidad» en cuanto al valor del dólar oficial, al mismo tiempo que la inflación sigue su camino. Y, así, «se deteriora el tipo de cambio real». Desde que el valor del dólar oficial está en un nivel cercano al actual, la variación del índice de precios al consumidor acumuló un 18,3% y, según se supo el miércoles pasado, el año 2019 cerró, de punta a punta, con una inflación de 53,8%.
«Es uno de los riesgos por delante; la mutiplicidad del tipo de cambio es un problema. El que tiene la posibilidad de traer dólares se resiste e intenta ingresarlos por mecanismos como el dólar bolsa o incluso por el mercado informal que camina al lado del mercado del dólar ‘solidario’ -describe Blanco-. Ese riesgo existe; no digo que inexorablemente ocurra, pero las chances crecen sino hay logros significativos en la lucha contra la inflación».

Kalos señala que las medidas tomadas hasta ahora por la administración de Alberto Fernández son «de emergencia», con el objetivo de intentar resolver problemas. Esas políticas, advierte, en el corto plazo no alientan las exportaciones.

Cepo y ventas al exterior
Entre las medidas están las de restricciones cambiarias, ya iniciadas durante la última etapa del gobierno anterior para contener el incremento del dólar. ¿Qué relación podría establecerse entre el cepo cambiario y el nivel de exportaciones? La experiencia más cercana con una medida de esas características impuesta al mercado de cambios es la que se registró entre 2012 y 2015. En ese período hubo estancamiento de la actividad económica y del empleo privado y, aunque hubo un leve incremento del consumo, cayó la inversión y, en mayor porcentaje todavía, también la exportación.

Los economistas entienden que podría ahora avanzarse en esa misma dirección y advierten que el crecimiento de las ventas al exterior en 2019 es engañoso, porque los motores para que ocurriera fueron el campo -que en 2018 había sufrido una mala performance por la sequía- y el adelanto de la liquidación de operaciones, en respuesta al clima de incertidumbre política.
Marcelo Elizondo, consultor titular de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), sostiene que el cepo «enrarece» el funcionamiento del mercado cambiario. Los proyectos de comercio internacional son siempre a mediano y largo plazo y están basadas en relaciones sistémicas entre empresas, mientras que el control de cambios genera incertidumbre. Es un factor, explica, que «nunca es pasivo, sino que se va agravando y desalienta la toma de decisiones».
Los elementos que desfavorecen la posibilidad de avances son los menores plazos para liquidar las exportaciones, las dificultades para obtener financiamiento externo (sea en bancos o en el mercado de capitales) y el temor a cerrar contratos «por la anormalidad en el entorno».
Desde el instituto de estudios Ieral de la Fundación Mediterránea, el economista Jorge Day apunta que en el cepo de la era kirchnerista las exportaciones fueron muy perjudicadas porque el tipo de cambio oficial se retrasó y, al mismo tiempo, los costos para producir adquirieron dinámica propia.
Por ejemplo, los costos de logística subieron un 15% en dólares en el período de vigencia de las restricciones y los laborales, un 25%. Y, salvo excepciones, la mayoría de los productos exportados desde la Argentina no tuvieron mejoras en los precios internacionales que les permitieran equilibrar esas diferencias.
«La historia muestra que cuando se pone un control cambiario la brecha entre el dólar oficial y el paralelo termina por agrandarse y, con el tiempo, al exportador eso no le conviene porque el oficial se atrasa y sus costos aumentan -agrega Day-. Al final, hay una subestimación de exportaciones en los registros porque una parte se cobra en paralelo; así, hay una caída por el registro y por el rezago del dólar».

Dólar estable, costos en alza
Para Ecolatina también es claro que los exportadores netos -de los cuales la agroindustria es una actividad bien representativa- fueron perdedores del cepo. Por un lado, soportaban retenciones en un contexto de fuerte atraso cambiario y, por el otro, recibían ingresos valuados al dólar oficial, mientras que parte de sus costos dolarizados crecían en línea con el paralelo (la brecha promedio entre ambas cotizaciones fue de 40% entre 2012 y 2015).
Los economistas consultados por
LA NACION coinciden en que se pierde competitividad por el lado de los costos. «Las operaciones que son rentables con un tipo de cambio de mercado empiezan a generar dudas con el cepo -dice Elizondo-. Esa situación se da en especial con los bienes más manufacturados, que sufren con un tipo de cambio anclado para controlar la inflación, y costos en dólares que no se frenan. En el cortísimo plazo del cepo es la devaluación la que alienta a exportar; después la inflación crece por encima del tipo de cambio nominal». El otro aspecto que destaca es la dificultad, en un mercado de cambios controlado, para lograr financiamiento; enfatiza que cuando hay cepo los proyectos «no son elegibles».

¿Importar es un problema?
La otra cara de la moneda son las importaciones, que también se complican. Entre 2012 y 2015 la actividad tuvo dificultades por las restricciones de acceso a dólares y, principalmente, por los controles cuantitativos que generaron faltantes de insumos. «Bajo las condiciones actuales del cepo, esas industrias se verían afectadas pero en menor medida que antes, siempre y cuando no se reinstauren restricciones cuantitativas a las importaciones», sostienen desde Ecolatina.
El problema no solamente se vincula con las características de la estructura propia productiva argentina. Según la Organización Mundial del Comercio (OMC), un tercio del total del valor agregado de las exportaciones es importado.
«Los controles no dan garantías de acceso a dólares y, así, las operaciones se congelan de una en una», grafica Elizondo. Y sostiene que es complejo desagregar qué es lo que más impacto termina teniendo en la exportación. Según entiende, la inflación es lo «peor», porque impide el cálculo económico en moneda dura; le siguen la falta de financiamiento, el cepo y la amenaza de un default de la deuda del país. «Hay un entorno complejo, inestable y es aleatorio», grafica.
«¿Las importaciones son un problema? No lo son. Están en los mínimos niveles en 10 años; la Argentina es de los países menos importadores del mundo y los principales componentes importados son bienes para la producción». Así comienza un reciente informe sobre el tema elaborado por Elizondo. En el escrito se advierte que las operaciones de compras al exterior tuvieron una fuerte caída en el último año y que, si se analiza la composición de las importaciones de bienes, la conclusión es que la mayor porción corresponde a operaciones que involucran máquinas y aparatos (es decir, inversión productiva), seguida por la participación del material de transporte y de insumos como los químicos, los minerales, los plásticos y los metálicos.
Kalos entiende que es clave la forma en que se instrumenten las decisiones con respecto a las compras en otros países: «Hay un riesgo de que generen problemas en la producción, porque a lo largo de todas las cadenas de valor hay insumos importados. Desde Desarrollo Productivo están pidiendo a las cámaras que identifiquen cuáles son cruciales para facilitar su ingreso; se entiende que buscan eliminar problemas».
Diez días atrás, el Gobierno publicó en el Boletín Oficial la resolución 1/20 de la Secretaría de Industria, Economía del Conocimiento y Gestión Comercial Externa, que dispuso un incremento de los controles oficiales sobre las operaciones de importación. La decisión oficial agrega al paraguas de las licencias no automáticas a unos 300 productos que antes no estaban alcanzados por los trámites que esa condición implica. Según los funcionarios, de todas formas, no se trata de un cambio estructural, pero las últimas novedades sobre el tema dejaron en un clima de incertidumbre a los directivos de varios sectores empresarios.

Los principales segmentos que generan ventas a otros países

Los productos primarios, los bienes industrializados y los combustibles y fuentes de energía muestran comportamientos diferentes en sus exportaciones.

Productos primarios

Junto con las manufacturas de origen agropecuario, el rubro es el que más ingresos de divisas genera; los nuevos niveles de retenciones que podrán ser definidos por el Poder Ejecutivo por las atribuciones que delegó el Congreso a través de la ley de emergencia, traen ahora incertidumbre.

Crédito: Magyp

Bienes de la industria

En los primeros once meses del año, según datos del Indec, las ventas al exterior de bienes manufacturados cayeron 6,5% en términos de dólares; en el caso de los automóviles livianos y de acuerdo a un informe de la asociación de fabricantes Adefa, en el año hubo una disminución de 16,7% en cantidad de unidades.

Fuente: Archivo

Combustibles y energía

Las exportaciones de este rubro tuvieron, entre enero y noviembre del año pasado, una variación positiva de 2,1%, con operaciones que representaron menos de 7% del total de las ventas al exterior. Sobre el final de 2019, la Argentina exportó por primera vez gas líquido; el destino fue Brasil.

Crédito: YPF

ADEMÁS