Santiago Artemis confesó que tuvo trastornos alimenticios: «Tenía ortorexia, me cuidaba en las comidas excesivamente»

En Divina comida hay tiempo para las bromas, los roces y también con el correr de los días los famosos muestran su lado más vulnerable. Santiago Artemis, el anfitrión del día, contó que padeció desordenes alimenticios.
“Cuando tenía 15 años lo que yo consumía como moda eran chicas que pesaban 40 kilos y medían 1.80. Estaban demacradas y yo estaba in love con la anorexia. Eso era lo que vendía y ahora cambió”, contó el diseñador. “La gente a veces encierra todo en anorexia y bulimia. Yo no tenía ninguna de las dos, comía excelente, lo que tenía era una especie de ortorexia. Tiene ortorexia una persona que se cuida constantemente, que come a la mañana un huevo con yogur, todo con una cantidad específica. Todo medido”, recordó.

«La gente a veces encierra todo en anorexia y bulimia. Yo no tenía ninguna de las dos, comía excelente, lo que tenía era una especie de ortorexia. Tiene ortorexia una persona que se cuida constantemente- Comía todo medido».

“Yo hacía cinco comidas, corría 5 kilómetros como un obsesivo, me cuidaba, me hacía análisis de sangre. Estaba todo perfecto, resano pero visualmente me estaba poniendo muy demacrado”, se lamentó. “Había una falta de amor propio tan grande. Nada era suficiente. Nunca fui muy flaco, ni muy lindo y todo era una gran falta”, dijo.

«Me di un atracón y sentí que tenía que compensar, así que me fui a correr 10 km. Después me dio fiaca y empecé a vomitar. Eso duró un mes, al punto de que ya era patético y le pedí ayuda a mi mamá».

También el diseñador contó cómo logró sobreponerse: “Rompí con eso cuando se convirtió en un Trastorno del control de impulsos (TSI). Estaba trabajando en Japón con mi exnovio y en un momento nos peleamos y fui a local de comida a comprarme dos muffins”, rememoró.
“Me di un atracón y sentí que tenía que compensar, así que me fui a correr 10 km. Después me dio fiaca y empecé a vomitar. Eso duró un mes, al punto de que ya era patético y le pedí ayuda a mi mamá y después ella me derivó a un psicólogo”, finalizó Santiago Artemis, a flor de piel.