Psicosis: Roma, vacía y con aspecto fantasmagórico por el miedo al coronavirus

Turistas con barbijo caminan por las calles de Roma Fuente: AP

ROMA.- Desolada, fantasmagórica, irreal. Así luce la «ciudad eterna» en estos días de
coronavirus. Aunque la emergencia -que causó hasta ahora
más de 2500 contagios y 79 muertos, según los últimos datos de Protección Civil-, afecta principalmente al norte de
Italia, también está haciendo estragos aquí, a más de 500 kilómetros de las
dos zonas rojas creadas en las regiones del Lombardia y Véneto.

Con sólo dar una vuelta, es evidente que
el Covid-19 cambió por completo la fisionomía de la capital, donde repentinamente no sólo han desaparecido los ejércitos de turistas que suelen invadirla -truene, llueva o el termómetro marque 30 grados-, sino también los romanos.
«Es un desastre, parece que de repente la ciudad hubiera sido puesta bajo estado de sitio», dice a
LA NACIÓN Gianni, empleado de una pizzeria a una cuadra de Piazza Navona que no duda en afirmar que
lo que hay en Roma es una «cuarentena psicológica».

«En Roma las escuelas siguen abiertas, también las universidades, es la ciudad donde se curó la pareja de turistas chinos que fue el primer caso confirmado, también se curó el investigador que regresó de Wuhan, el epicentro de todo, pero también está semi-paralizada, es como si también tuviéramos la peste», lamenta. «Y si sigue así, porque la psicosis no cede, voy a tener que bajar la persiana», agrega.

En la piazza Navona, al igual que la de Campo dei Fiori, la de España o la del Popolo, al mediodía no hay nadie sentado en las mesitas de bares que suelen rebosar de gente. En la Fontana de Trevi, donde normalmente hay que esperar varios minutos para poder tirar la monedita y sacarse una selfie, sólo hay cuatro gatos. Lo más impactante es ir hasta el Coliseo, el monumento más emblemático, y ver que no hay fila.

Turistas con barbijo en la Fontana di Trevi, en Roma Fuente: AP

«Hubo una catarata de cancelaciones, hay mucho miedo, la gente de afuera no se da cuenta que acá en verdad estamos lejos de los focos del brote y el turismo se derrumba. No sé cómo vamos a poder sostener esta situación, nos van a tener que dar algún tipo de ayuda», dice Marianna, guía de 32 años que, como la mayoría de los romanos, que no hablan de otra cosa, no oculta su preocupación. «En enero dejaron de venir los chinos y ya fue un golpe, pero ahora no vienen ni siquiera los alemanes, los rusos, los japoneses, los franceses, los irlandeses, los argentinos… ¡No viene más nadie! ¡Es la muerte civil!», clama.

Aún si la alarme cede y vuelve la normalidad antes del fin de junio,
Roma ya tuvo daños del orden de los 800 millones de euros debido a pérdidas en el sector turístico y en las actividades comerciales, según Carlo Cafarotti, asesor de Comercio y Turismo de la capital.
La Campana, un tradicional restaurante romano que el año pasado cumplió 500 años y es meta de los sibaritas, también acusa el golpe. «No solo no vienen turistas, tampoco vienen clientes de toda la vida romanos que evidentemente tienen miedo y prefieren quedarse en casa», dice su dueña en una sala vacía.

También el Vaticano se transformó con el coronavirus. «Mire, no hay nadie», lamenta Beppe, un vendedor de rosarios y otros souvenirs religiosos en la Plaza de San Pedro. «Si antes los peregrinos tenían que hacer 40 minutos de cola para entrar a la Basílica de San Pedro, ahora entran en pocos segundos porque no viene más nadie. ¡Nos vamos a ir todos a la quiebra! Esperemos que Francisco haga un milagro y nos salve», grita, gesticulando.

Turistas con barbijo en el Vaticano Fuente: AP

Hablando del Papa, que está resfriado desde hace ya varios días y suspendió su participación en un retiro espiritual, ayer reinaba el misterio sobre su presunta realización de un hisopado para detectar el coronavirus, al que
habría resultado negativo. El Vaticano no confirmó esa versión, sino que el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede se limitó a decir que
«el resfrió diagnosticado hace unos días sigue su curso, sin síntomas conducibles a otras patologías».
Roma en tiempos de coronavirus también parece otra porque no hay caos de tránsito ni embotellamientos. «Tardé media hora en ir hasta la universidad en cambio que una [hora]», cuenta Cecilia.
Otro dato increíble es que se consiguen taxis enseguida. En la estación Termini -donde
llegan trenes vacíos desde Milán y otras ciudades sí realmente cercanas a las «zonas rojas»- ya no hay que hacer colas interminables. Y los taxistas también se quejan: «empecé a las cinco de la mañana y normalmente a esta hora ya hice varios viajes… pero usted es mi segunda pasajera del día», afirma Dante, ofuscado
En el cuartel general de la FAO, el organismo de Naciones Unidas para la alimentación, a quienes ingresan les toman la temperatura.
Aunque se espera que mañana vuelva a abrir sus puertas la Iglesia de San Luis de los Franceses, famosa por sus cuadros de Caravaggio -que repentinamente el domingo cerró debido a que un cura francés que allí vive, aunque viajó a París pasando por el norte de Italia, también resultó positivo-, también en los templos reina la psicosis. La diócesis de la capital dictaminó de que ahora en más
en las misas no hay que dar la mano a la hora del intercambio de la paz y tampoco recibir la hostia en la boca. Tampoco hay agua bendita para persignarse en las iglesias: podían ser fuente de contagio.
Más allá del aspecto fantasmagórico, irreal y entristecido, preocupado, Roma luce más linda que nunca. Y mucho más atractiva para turistas y romanos.

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