Un estudio de huesos antiguos revela que la tolerancia a la lactosa se extendió en Europa gracias a una mutación genética

Los científicos afirman que los humanos solo han podido digerir la leche en su etapa adulta desde hace aproximadamente 3.000 años.

Un estudio dirigido por la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz (JGU) en Alemania descubrió que la tolerancia a la lactosa se extendió en Europa durante los últimos 3.000 años. Los resultados de la investigación fueron publicados este jueves en la revista Current Biology.

Los científicos afirman que los humanos solo han podido digerir la leche en su etapa adulta gracias a una mutación genética que se produjo a lo largo de este período. Las conclusiones fueron obtenidas tras analizar el material genético de los huesos de individuos que habían muerto durante un conflicto en la Edad de Bronce, alrededor del año 1200 a. C., en las orillas del río alemán Tollense.

Entre los hallazgos se determinó que aproximadamente solo uno de cada ocho guerreros tenía una variante genética que le permitía descomponer la lactosa de la leche. «De la población actual que vive en esta misma área, alrededor del 90 % tiene esta persistencia de lactasa», explicó el genetista y autor principal del estudio, Joachim Burger.

La lactasa es una enzima producida en el intestino delgado, cuya única función es facilitar la digestión de la lactosa. En la mayoría mamíferos, la actividad de esa enzima se reduce drásticamente después del destete en la infancia.

En este sentido, el biólogo Daniel Wegmann considera que «la única forma de explicar esta diferencia entre estas personas de la Edad del Bronce y las de hoy es una selección natural muy fuerte».

Aumento de las posibilidades de sobrevivencia

Por otra parte, los expertos determinaron que durante los últimos miles de años, «las personas con persistencia de la lactasa tuvieron más hijos o, alternativamente, esos niños tuvieron mejores posibilidades de supervivencia que aquellos sin este rasgo».

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Además, los investigadores lograron determinar que quienes conservan la enzima «tienen 6 % más de posibilidades de sobrevivir hasta la edad reproductiva que los individuos sin persistencia de la lactasa».

«Dado que la leche es una bebida de alta energía y relativamente no contaminada, su ingestión puede haber proporcionado mayores posibilidades de supervivencia durante la escasez de alimentos o cuando el suministro de agua potable estaba contaminado», agregó Burger, señalando que este factor pudo haber sido decisivo en las poblaciones prehistóricas.

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